viernes, marzo 31, 2006

mi equilibrio espiritual


Mi equilibrio espiritual, Fredy Turbina

Síiiiiii, hoy es un día muy especial
¡¡¡¿por qué?!!!
Porque en la mañana le saqué las rueditas chicas a mi bicicleta.
Lo mejor que me ha pasado en mi vida
fue sacarle las rueditas a mi bicicleta
ahora alcanzo mayor velocidad
y las chicas se derriten cuando me ven pasar.
Soy genial
Sí, eres genial
inmortal,
ya no existen ruedas chiquitas.
Soy Freddy Turbina al volante
y cuidado, niños, que quemo.
Ya no más vergüenza al pedalear
ningún obstáculo me podrá frenar
tengo un nuevo concepto de felicidad
alcancé mi equilibrio espiritual.
/:Soy genial
sí, eres genial,
inmortal, ya no existen las rueditas:/
Nunca más nunca
rodillas peladas
nunca más nunca
vergüenza en la calle
nunca más nunca
risas de niños
nunca más nunca
burlas de nadie.
"ohhh!!!, ese es Freddy Turbina"
"Sí, y dicen que no duerme"
/:Soy genial
sí, eres genial,
inmortal, ya no existen las rueditas:/
Nunca más nunca
rodillas peladas
nunca más nunca
vergüenza en la calle
nunca más nunca
risas de niños
nunca más nunca
burlas de nadie
siempre por siempre
mi pelo al aire
su pelo vuela.
Ayer, vi a una pequeña como “se largo” con su bici, así de pronto, sin presiones ni exigencias. Vi sus ojitos húmedos de emoción y de felicidad. Escuché cuando le dijo a su mami – no sé como lo hice mami, de repente miré para un lado y para el otro y la bici del Marcelito no tenía rueditas.
Y entonces me acordé de esta canción de 31 minutos.

viernes, marzo 24, 2006

la postal, 2014


Sintió tocar a la puerta. Solo el tercer llamado la llevó hasta ella. Era el cartero, el de siempre. Vestía unos jeans desgastados y traía puesta la gorra que a ella tanto le divertía, -pareces poeta- le dijo con afecto. -Buenos días- respondió el cartero, halagando lo hermosa que lucían las lavandas. Ella lo miró con ternura, hacía tanto que le conocía y le respondió –crecen como la “mala yerba” mi querido Miguel-, mientras pensaba en cuantas semanas hacía que no venía el jardinero. Reparó en que sus rosas necesitaban de una poda, y que la parra crecía desordenada y lujuriosa. Se quedó un momento contemplando como la lavanda amenazaba con florecer como cada año, trayendo con ella el aroma a los recuerdos.


-Traigo una carta para usted- le dijo, más bien una postal precisó.


La tomó entre sus manos, le extrañó el papel del sobre, la estampilla. Mientras firmaba el recibo de la postal le pareció escuchar una melodía de fondo que la remeció, como si la transportara a otro tiempo y otro espacio. Tembló, se vió encandilada frente al sello borroso de la esquela. La sensación de estar suspendida en el tiempo la paralizó. Ni siquiera dijo adiós a Miguel, solo le vio desaparecer por aquel caminito de lavandas que con tanto amor había cuidado en esos casi diez años.


Se sentó en el umbral de la puerta. Hacía algo de frío, no demasiado... Ella sintió desconfianza, una cierta inquietud al tener ese pedazo de papel en la mano, pensó en botarlo, en quemarlo por si se arrepentía y lo redimía de la basura. Durante años había recibido incontables cartas que le alegraban los días, todas ellas reconocibles por las letras, la estampilla, el remitente. Su madre, sus hijos, su gran amiga, la de siempre, uno que otro compañero de viajes, la carta de Javier religiosamente cada fin de mes. Pero esta vez era distinto, algo le decía que era distinto...


Titubeó un largo rato, la música le acompañaba.


El teléfono sonó intensa y largamente, pero ella estaba ensimismada, no hizo caso de su eco. La posibilidad de que la postal fuera de aquel amor, después de tantos años, le inquietó. La carta no tenía remitente y no reconoció la letra. Podría la vida traerle este regalo después de tanto tiempo. “Estás preciosa, te invito un café”. Se vino esa melodía a su cabeza con una nitidez apabullante. Después de casi diez abriles supuso que lo había olvidado. Pero él afloró desde el centro del alma, mágicamente, de modo insurgente y rebelde con la sola presencia de aquella postal timbrada en su mano.


- Ya está - se dijo, y la abrió.


Leyó la postal, “… amor mío, a pesar de los años, de las voluntades, aún sigo esperando que el vértigo pase y que luzca el sol cada mañana”. Se prendió de ese trozo de papel como las raíces del árbol a la tierra, lo apretó contra su pecho y se quedó contemplando el aire.


Una pequeña brisa de viento triste le tocó el cuerpo. Una tristeza por lo no vivido, por ese pasado que no había tenido opción de presente, por la cobardía, por haber dejado pasar aquellos soplos que pudieron ser una vida entera.

Buscó entre los discos arrumbados. Mucho tiempo había pasado sin escuchar esa música. Varios años antes había guardado esa dulce historia en el desván, solo tenía a la mano un par de discos “neutrales” como solía llamarles, de esos que suenan bien, pero que no emprenden con el alma. Le tomo un buen rato encontrar el que buscaba, lo puso y escogió el segundo tema.


Ella despertó llorando.


Prendió un cigarrillo. El sueño había sido hermoso, como siempre casi real, tenía la postal en la mano izquierda. No era de su antiguo amor sino de Javier y decía: “te extraño, este lugar es maravilloso, ¿puedes venir?, dame una señal, un beso, Javier". Decidió volver a dormirse, quería buscar el sueño en el sueño, volver a escuchar esa canción, ligarse como tantas otras veces con aquel amor, pero no lo logro...ya no fue posible…


La habitación le pareció pequeña, ahogante, el cielo parecía más bajo, aplastante. Pensó en que había sido una mala idea pintarlo del color de la lavanda. En el muro, donde las fotos de sus hijas iluminaban sus días, solo quedaban vestigios de aquellos momentos amables. Alguna vez había ido a ese pequeño pueblo donde lo había amado, necesitaba armarse de imágenes que impidieran que el olvido barriera con ese amor, y entonces había fotografiado el lugar. Esas fotos tenían un lugar inviolable en aquellas murallas.


Se puso inquieta, decidió levantarse.


En la cocina, mientras servía un café cargado y sin azúcar, no supo que hacer con las lágrimas atoradas en el alma. Salió a caminar, estuvo largas horas disfrutando del placer de la calle, las gentes, los niños en la plaza, y pensó en Madrid. Finalmente Javier le proponía una locura digna de ser considerada.


Resolvió llamarlo. A fin de cuentas él había sido el único que la había amado siempre, todo el tiempo y ella le tenía cariño, un gran cariño. Javier había sido su confidente tantas veces, él comprendería todo, pensó, entendería su dolor, la aceptaría y además estaría dispuesto a mostrarle la ciudad, los cines, los parques, los museos. Abordó con imaginación las maravillas que podrían venir. La desolación comenzó a disiparse, a recogerse para otro momento.


-Hola-, se escuchó decir al otro lado del teléfono, -Javier soy yo recibí tu postal- dijo ella- , - quiero verte-. Javier sintió que una cierta placidez se apoderaba de su cuerpo, le subía desde los pies a los pelos de la cabeza y se le instalaba en el alma, con una sensación de frío.


Ya estoy esperándote, como lo he hecho todo este tiempo- le respondió.


Ella llegó a Madrid tres días más tarde, con un par de maletas, arrugas en el rostro y la decisión de quedarse por un tiempo largo. Tenía la certeza de que Javier no interrogaría su mirada llena de recuerdos, su alma atiborrada de viajes sin rumbo y sus sueños que a veces traían consigo el pasado.


viernes, marzo 17, 2006

el señor ocho



Andaba yo caminando, divagando un poco...., mirando el espacio y el tiemop, intentando conectarme con algo que me sacara de un cierto estado de suspensión, cuando descubrí algo verdaderamente curioso, extravagante, hasta divertido: Mi vida tiene una cierta conexión con el número ocho.
El Chavo del Ocho fue una de mis grandes compañías televisivas de infancia.
El 8 fue mi histórico número de lista en el liceo.

Un 8 de diciembre el amor vino para quedarse por un tiempo largo.
Agosto que es el mes octavo del calendario, fue elegido en su día 8 para la puesta de “ilusiones”.
Mayo 28 di un sí que creí era para siempre

Mi cédula de identidad termina en 8
Siempre escojo el número 8 cuando compro un número de rifa, kino o lotería
Mi casa preferida de infancia tenía por numeración el 8
En algún momento de la vida me dio por tomar 8 vasos de agua al día

El año 1998 fue un gran año para mi

Febrero 18, un amor se fue
Marzo 18 un amor volvió solo para decir adiós

El 8 es el día internacional de la mujer…

Buscando un significado más esotérico o enigmático podríamos decir que este número se divide en 2 partes iguales 4 + 4, que a su vez se dividen en otros dos números iguales 2 + 2, los cuales también se dividen en dos números iguales 1 + 1, de ahí que indica equidad, justicia, equilibrio...
En el simbolismo de la naturaleza anatómica el 8 se asocia con la vagina, es decir, con la "puerta" por la que una nueva vida entra en el mundo.
Augura éxito, pero obliga a ser constantes, perseverantes y disciplinados, a escoger buenas semillas y cuidar nuestra tierra, con la promesa de que este esfuerzo tendrá su recompensa.
Por su forma hecha con dos círculos superpuestos, representa el movimiento en espiral de los cielos en su continuo flujo y reflujo, simbolizando la ley de causa y efecto. Debo reconocer que esto último me gusto mucho, le dio sentido a una ruta posible.
En el tarot la carta número 8 corresponde a La Fuerza. Su desafío es reconocer contradicciones propias, aceptando las fuerzas que residen dentro de uno mismo. Gozar de la vida al máximo y ser capaz de romper las inercias. Las características psicológicas que lo potencian son contradictorias. Por un lado, espiritual. Por otro, concreto. Además, la fortaleza. Las reacciones que lo limitan son la actitud pasional, la postura visceral y ser contradictorio.

La verdad sea dicha, numerológicamente hablando, soy seis, pero que más da, estas son unas simples elucubraciones de tanto andar por ahí, en otro momento nos pondremos más serias.

miércoles, marzo 15, 2006

preguntas pretéritas


LAS PREGUNTAS SE HAN APODERADO DE MI,
VINIERON VOLANDO DESDE NO SÉ DONDE
LLEGARON CON GRANDES Y PESADAS MALETAS
Y SE HAN QUEDADO AMENAZANTES

QUÉ HIZO QUE MI CORAZÓN SE DETUVIERA FRENTE AL TUYO Y COMENZARA A LATIR MÁS RÁPIDO,
QUE MI ROSTRO SE COLMARA DE RISA CUANDO TE ASOMABAS A ESA PUERTA,
QUE MI CUERPO SE ESTREMECIERA HASTA TEMBLAR CUANDO TE SENTÍA VENIR

ACASO FUE MI CONSTANTE BÚSQUEDA, MI INDAGAR INCASABLE
DE TANTAS LUNAS DE ESPERA
TRANQUILA Y CALLADA
SIN QUE ARRIVARAN FLORES ENCANTADAS NI PÁJAROS NOCTURNOS

LLEGASTE SIN AVISO, SIGILOSO Y TIERNO
VENÍAS DE OTRO MUNDO, ESTABAS EN OTRO TIEMPO
SINTIENDO OTROS CALORES Y OTROS VIENTOS
RESPIRANDO HISTORIA LEJANAS Y ANARANJADAS

TANTA VIDA CORRIÓ PARA TI MIENTRAS TE ESPERABA
QUE LAS ARRUGAS LLENARON TU FRENTE
TAN POCA VIDA CORRIÓ PARA MI
QUE EL TIEMPO SE DETUVO EN UNA PAUSA


CUANDO TE ENCONTRÉ YA ERA TARDE
NUESTRAS VIDAS,
LA TUYA Y LA MÍA ERAN
AL MISMO TIEMPO

POSIBLEMENTE HERMOSAS
E IMPOSIBLEMENTE AZULES


LAS PREGUNTAS VIVEN EN MI HACE VARIOS OTOÑOS, SE PEGARON A MI PIEL Y NO QUIEREN ABANDONARME,
Y ME SIGO PREGUNTÁNDO POR QUÉ SIENTO FRÍO?


domingo, marzo 12, 2006

un sábado cualquiera


Se llamaba Carmen. Despertó somnolienta, con los ojos hinchados del llanto inútil la noche anterior. Aún le dolía el pecho y sentía sus huesos fatigados. Hubiese querido dormir eternamente, cerrar los ojos por un extendido momento. Pero la vida continua, aplastante de verdades para Carmen, cargando la pena y la desesperanza, se obliga vivir el día siguiente…
10:07 hrs.
Suena el teléfono. Sí, claro… ya estoy despierta. ¿Quedamos a las once? Estoy algo atrasada, ¿puede ser un poco más tarde? De acuerdo. Allí estaré. Tomó una ducha rápida y partió. Hola que tal! Un café expreso por favor. No nada para comer. Y usted señor ¿café también? Si, pero doble. Cigarrillos encendidos para ambos, comentar el cambio de mando que se ve en la TV del lugar. Todo el mundo esta prendido de la sonrisa de Michelle, de su naturalidad y sencillez.
11:28 hrs.
Aló…? Hola, ¿como va?, ¿alguna novedad? Ah, bueno eso ya lo sabía, te puedo llamar más tarde, ahora estoy un poco ocupada.
Emoción es lo que ha ella le cubre el cuerpo, se le escapan unas lágrimas mientras la Presidenta ilumina de manera contagiosa los rostros de todos. No hay conexión con el tema, la emoción que a ella la deslumbra a él no le hace ni cosquillas, mira la hora, es tarde…Un beso, hablamos. Sí, claro tal vez sea posible vernos en la noche.
13:22 hrs.
El café de siempre. Carmen huye a ese lugar casi sagrado, cumpliendo con el rito amoroso del fin de semana. Disfruta allí de un instante de soledad, escribe como enajenada, lo hace con ansias, con el placer de sentirse cerca de su abrazo, aunque sabe que no aparecerá. Recuerda canciones que la entristecen pero que también le acarician el alma y caen unas contenidas gotas de lluvia. Carmen traza y garabatea en esos librillos como vomitando letras y palabras.
13:56 hrs.
Alo?. Hola... si.... bueno... gracias. Voy enseguida a buscar el auto, estoy cerca dame veinte minutos.
Toma su café y pide otro junto con la cuenta, mientras mira las libretas intentando impregnarlas de amor apurado. Hubiese querido disponer más del tiempo en ese momento.
15:05 hrs.
Aló? Ya estás en casa? Si claro llegué hace un rato, y la “tutora” ¿llegó?, no aún no. Bueno, nosotros vamos para allá.
15:08 hrs.
Hola, pasa adelante. Si yo soy la mamá, ya te cuento la historia, es algo larga. Bueno ocurrió cuando tenía tres años y 8 meses, no la verdad esta bien ahora, voy a buscar los informes, espera aun poco, no sí conoce los números, y tengo el último scanner, si también las vocales y puede sumar...
16:47 hrs.
Aló? Hola preciosa que tal, si la verdad estoy ocupada te devuelvo en un rato, ok., Hablamos.
17:28 hrs.
Hola, habla la Carmen, te estoy devolviendo la llamada. Sí claro a eso de las ocho esta bien.
17:43 hrs.
Alo...Que bueno que me llamaste, bla, bla, bla, bla… no te preocupes si todo sale bien estaremos todos alineados apoyándote. Si, yo los llamo y nos reunimos mañana, más tarde llamaré a “R” y nos ponemos de acuerdo, tenemos pega querida, un beso. Viste la transmisión del mando?, si claro, que emoción , bla, bla, bla, bla….
17:58 hrs.
Hola, disculpa se me pasó la tarde y no te llamé. La verdad no sé bien, voy donde una amiga a ver un tema de pega, te llamo a eso de las 10:00 te parece?. Disculpa, no te molestes pero la verdad es que tengo este compromiso. Ok, hablamos, un beso para ti también.
18:32 hrs.
Hola, si estuvo bien, le di todos los antecedentes y copia de los informes. Acordamos para el martes a las 18:00 hrs. Ok, quedamos en eso. No, disculpa pero no me parece almorzar todos juntos mañana, disfruta tú con ellas. Ok., que estés bien. Si claro vine al centro a celebrar y ustedes? Tal vez nos veamos.
18:48 hrs.
Aló?...Si claro que te escuché, solo que me quedé pensando. Gracias, pero no me interesa, estoy bien donde estoy, te lo agradezco de verdad pero, no quiero ahora. Qué!!!! Cuanto dijiste? Me pones en problemas, al menos debo pensarlo, te llamo mañana. Besos para ti y un abrazo al señor constituyente.
20:04 hrs.
Hola, voy saliendo para allá por favor dame tu dirección que no la recuerdo, 1156 dijiste?
22:30 hrs.
No, no puedo aun estoy ocupada, disculpa. Si claro que es posible un café mañana o tal vez almorzar.
24:59 hrs.
Es tarde, creo que voy a partir, además estoy algo cansada. Nos vemos mañana entonces. Un beso.
Carmen se desplaza por la ciudad rumbo a casa, conteniendo con éxito la posibilidad de desviarse. Lo hace lento, ha bebido más de la cuenta. Lo hace mirando la luna.
01:55 hrs.
¿Estas ahí?
01:07 hrs.
¿Alguien ahí que pueda mostrarme el camino?
01:52 hrs.
¿Puedes susurrar mi nombre a la distancia?
02:46 hrs.
¿Puedes llamar para cantarme una canción?
02:59 hrs.
¿Puedes venir?, ya preparé el café
U
n sábado cualquiera Carmen lleno su vida de llamadas, conversaciones, gentes… el teléfono no paro de sonar. Pero cuando cayó la noche y miró la luna al llegar a casa, se sintió perdida, al borde del precipicio.

jueves, marzo 09, 2006

el sonido del silencio


Era tarde cuando repiqueteó el teléfono, no reconoció la numeración, especuló inquieta sobre quién podría ser. La confusión se apoderó de ella cuando advirtió que era su antiguo gran amor, lo supo porque recordó el sonido de su silencio y se conmovió.
Aló?- dijo, aunque sabía que era él. Volvió a preguntar - ¿Quién habla? -, y solo obtuvo como contestación una mudez inquebrantable.

Dejo pasar unos segundos y se animó a hablarle, a contarle de su vida del último tiempo, a dibujarle con palabras todo lo no dicho. Le contó que había aceptado que el dolor le acompañaría eternamente, que se había reconciliado con la idea de que no había forma de pedir perdón cuando el amor se apaga. Le dijo cuanto le quería aún y cuanto amaba el recuerdo de aquella sublime historia de amor. Que nadie podría haberle acompañado mejor en aquellos días, que los sueños que habían construido, aunque ya no estaban, eran los más perfectos que nunca pudieron haberse fundado dos amantes. Que ya no importaban las palabras hirientes recibidas, que solo atesoraba las palabras dulces en algún lugar del corazón para poder lucirlas frente a las pequeñas cuando ya no lo fueran.
Él seguía ahí, atendiendo a sus palabras con devoción.
Ella se había resignado a esa suerte de confesión en formato de monólogo. Entendió, por el sollozo que sintió del otro lado, que él no diría nada.
Alcanzó el sonido de su silencio nuevamente y acepto la idea de que el olvido esta lleno de memoria.
Voy a colgar, le dijo, es tarde.
Aquel sonido impregnó cada partícula de aire de la habitación, trajo colores y aromas de viajes ya pasados. Se sintió reconfortada, de algún modo nutrida. Los gestos, las señales del último tiempo era lo que necesitaba para recuperar la imagen de quien tanto había amado. Entonces solo durmió.

lunes, marzo 06, 2006

los parecidos pueden jugar malas pasadas...

Diez minutos para las seis, tiempo preciso para llegar al Café B. Caminó por la callecita de siempre, más bien pausado como le gusta hacerlo. Mientras se desplazaba advirtió que ni siquiera había hecho el gesto femenino de mirarse al espejo, arreglarse un poco el pelo y tal vez humectar con algo de brillo los labios. Un poco de vanidad no viene mal –pensó- mientras se acomodaba con la mano los rulos desordenados de su cabeza. Sin embargo no iba a devolverse y apostó al cien por ciento natural que esta tan de moda.

Llegando al Café B, justo en el momento en que debía fijar la vista para ver si estaba su amigo esperándola, sucede lo impredecible, Él estaba allí, no su amigo el del café, sino Él. No espero confirmar nada, ni si su amigo estaba allí, ni si Él estaba acompañado de alguien, nada, simplemente bajo la vista y transitó sin rumbo.

Se puso nerviosa, se alteró, se inquietó (y todos los sinónimos posibles). En definitiva no supo que hacer. Sonó su celular, siempre suena en un momento inoportuno. Era un compañero de la pega para hablarle de ciertas cosas trascendentales, hizo su mejor esfuerzo para contestar de manera coherente, mientras ya había doblado la esquina.

Seguía al teléfono, en una suerte de acto reflejo salían las palabras de su boca, porque la verdad estaba pensando en la situación vivida y dando rienda suelta a múltiples teorías sobre las casualidades, las sincronías, la causa y el efecto, etc, etc, etc.

Suficiente se dijo y decidió volver al café.

Allí estaban, su amigo con un café expreso servido y una sonrisa amable instalada en el rostro y, en la mesa de al lado su Él que no era su Él. Error, se había confundido, se había equivocado, ella que pensaba que algo así nunca le ocurriría. No era Él, sino alguien que se le parecía demasiado, un gran hombre público, tanto o más guapo que él, bebiendo café con otro hombre público que no clasifica para ser denominar como gran. Ambos definiendo el futuro del país o más bien evidentemente haciendo la repartija de los cargos menores luego del nombramiento de subsecretarios e intendentes.

Nunca fue Él. Todas las sensaciones, emociones y teorías fueron en vano. Así es la vida pensó, se rió de buena gana, se sentó y disfruto del café con una afable compañía. Me prendes el cigarrillo por favor, olvidé mi encendedor…

jueves, marzo 02, 2006

canciones de domingo

Los domingos son buenos momentos para dar oídos a la música. Los domingos hay espacio y tiempo, el día es un devenir lento de minutos y horas en los que podemos darnos permiso de flojear mucho, de regocijarnos en el ocio, de llorar desenfrenadamente o de reír de manera licenciosa. Los domingos son definitivamente días especiales. Me gustan, aunque a veces duelan y se llenen de recuerdos las murallas y las flores. Son días de poca angustia, solo puede venir a visitarnos la tristeza suave y melancólica o la alegría simple y silenciosa. Se ojea la prensa pausadamente, se escucha música, se toma café del bueno en la cama, piensas sin apuro, proyectas, recuerdas, anhelas. Los domingos hay tiempo para la lavanda, el rosal y el romero.
Este domingo fue uno de esos domingos, a pesar de los múltiples sentimientos y emociones que estuvieron presentes, de las miles de preguntas que me hice y que no pude hacer. Este domingo hice un lindo juego de preguntas y reflexiones. Lo hice a partir de un puñado de canciones que escogí, con dedicación y esmero, para que me hicieran compañía durante el día. Así, en la medida que pasaban los minutos, me servía un café más, regaba las plantas, leía un poco, volvía a tomar café, escuché una y otra vez estas letras y músicas, hasta que se sucedió un pequeño milagro de tarde de domingo, un prodigio de síntesis. Cada canción escuchada se transformó en una simple pregunta que se quedó como compañía para el inicio de mi sueño al final del día.

¿Dónde quedo mi taza de café?
“Este es tu sitio, ésta es tu taza de café. No digas nada, dices con la mirada más de lo que crees.” Raquel, J. Drexler
¿Por qué los trenes parecen haber decidido quedarse inmóviles?
“En tren con destino errado se va más lento que andando a pie…y no será porque quiera, que estoy dejando marchar tu tren.” Alto el Fuego, J. Drexler
¿Cuántas son las puertas cerradas y cuántas las abiertas?
“Daniela esta llena de puertas unas cerradas otras abiertas… Daniela no entiende de todo y espera que alguien le calme sus noches en vela.” Daniela, P. Guerra
¿Cuántos abriles se requieren para volver a cantar?
“Dios santo que bello abril, Dios Santo que bello abril dios santo que bello abril...si aparece el sol hay que dejarlo pasar, abril otra vez para que no tengamos soledad” Bello Abril, F. Páez
¿Será de voz clara quién curé mis heridas cuando caiga?
"Quiere que la abraces y la calmes, quiere que la dejes descansar, quiere que sonrías y le cures las heridas de la soledad" Quiere, P. Guerra
¿Por qué siento que estoy olvidando todos los días un poco?
"Llaman y llaman, las flores al sol. Juegan y juegan, todos los días al amor". Todos los días un poco, L. Gieco
¿Alguien puede mostrarme el mapa para encontrar el Km. 0?
“Kilómetro cero, respira en el centro de la ciudad, el alma que se pierde al escapar” Km. 0, I. Serrano
¿Dónde me encontraré en el otoño?
“Desde que te perdí, las puertas se me abren de par en par, se me abrió hasta la puerta de Alcalá y yo aprovecho cada oportunidad” Desde que te perdí, K. Johansen
¿Se borrarán de la memoria los colores nuevos que descubrí?
“Y me aparecí por tu ventana, como un espejismo breve, que quería desnudar, y no me confundí con el paisaje, para que me descubrieras, sin tener que tropezar.” Cierto día, cierta noche, A. Venegas
¿Tendrá los ojos verdes quien me consuele?
Cuando la lluvia caiga sobre ti y el mundo pese en tu corazón,
Yo te daré mi calor para hacerte sentir mi amor. Para hacerte sentir mi amor, L. Canoura
¿Podré una tarde de estas convertirme en canción?
“Hace ya algunas semanas, que me leva las mañanas,
descifrarte en tu mirada y en tu voz”. De las tardes, F. Delgadillo
¿Dejarán de soñar las horas en mi café?
“No es necesaria alguna explicación, conozco historias que no acaban bien. Protagonistas de la indecisión y ahora soy yo, y ahora soy yo . . . pensándote. “ Pensándote, A. Filio
¿Entenderán las lavandas de mi amor cuando florezcan?
“Dos gardenias para ti, con ellas quiero decir: te quiero, te adoro, mi vida Ponle toda tu atención, porque son tu corazón y el mío”. Dos Gardenias, B.V.S.C.
¿Será que el retorno es solo para decir adiós?
“Prefiero tu voz, prefiero tu voz, prefiero escuchar tu voz antes que ver el sol, prefiero escuchar tu voz”. Antes que ver el sol, C. Sorokin